Dramaturgxs, textos y contextos: Ana Corbalán, Tarde de Verano.

Por Pedro Celedón

Que  sea la única escritora mujer seleccionada en el actual encuentro es solo una casualidad, ya que el jurado trabajó con textos firmados con seudónimos y en ello toda referencia es anulable, incluso el sexo. Pero esta situación lamentablemente nos recuerda que la desproporción entre los géneros en el circuito del arte refleja una discriminación permanente hacia la mujer, tanto en las artes escénicas como en otras áreas. Según Ana Corbalán, “la cantidad representativa de las mujeres es claramente menor a lo que nosotras producimos y esto se verifica en forma simple, basta mirar la cartelera, donde predomina la escritura masculina”,  lo que en rigor tiene poca lógica si observamos que en las escuelas de teatro de nuestro país desde hace décadas son casi tres veces más las mujeres que estudian y egresan, siendo estas las instituciones  que más nutren el origen de lxs actuales dramaturgxs.

Desde temprano Ana estuvo en contacto con la escritura gracias a talleres de teatro en los que participó activamente durante su época escolar. Pero para ella la dramaturgia no es de esos oficios que enamoran solo con el ejercicio mismo, sino sobre todo por el trabajo con pares; lo que ratifica una vez más que la iniciación a la escritura teatral para la mayoría de lxs autorxs, está frecuentemente ligada más a los talleres que a los circuitos académicos.

En este sentido, más allá de los cursos de dramaturgia que Ana realizara durante su formación como actriz en la Universidad Católica de Chile, será en los talleres de lectura y escritura con Benjamin Galemiri y Marco Antonio de la Parra, en el contexto del Festival de Dramaturgia Europea Contemporánea en 2005 y 2006, donde nutrirá y desarrollará su vocación escritural, principalmente por la experiencia de contagio con textualidades innovadoras para la escena local y la posibilidad que allí se abrió para “soltar la mano”.

Además de las experiencias formativas anteriores, durante 2009 gracias al apoyo del Fondart, realizó una pasantía en Buenos Aires con los dramaturgos Alejandro Tantanian y Ariel Farace. Pero aunque son numerosas sus fuentes, el principal espacio de trabajo que Ana destaca es el que viene desarrollando hace años en diálogo creativo profesional con la escritora y actriz chilena, Alejandra Moffat, también su amiga personal.

“Con Moffat y los argentinos (Tantanian, Farace), el trabajo ha sido principalmente practicar la escritura, generar reflexión y problemáticas en base a los contenidos que se van desprendiendo de los ejercicios. Así, para mí, es cómo concretamente se aprende dramaturgia o al menos como yo entiendo aprender: probando, buscando, dibujando y luego concientizando, completando los vacíos. Esto, junto al esencial diálogo e intercambio de referentes, conexiones, ideas y percepciones que se da en los talleres, permite un proceso autoral profundo, sobre todo –y esto es fundamental para mí– si allí se promueven espacios de libertad que no se restrinjan a un formato en específico, entendiendo cómo a partir de distintos elementos y motivos aparentemente inconexos se puede generar un resultado teatral.”  Ana también rescata el gran valor del juego como herramienta para liberar la autocensura; compartir lo generado, exponerse, desprejuiciarse. “Para eso en mi caso, ha sido esencial lo que podríamos llamar ejercicios de improvisación escritural, que básicamente consiste en generar material en un tiempo acotado y determinado, teniendo que terminarlo sí o sí de algún modo. Seguramente alguna historia contenida allí, alguna línea de diálogo, situación o atmósfera puede luego revisarse y eventualmente transformarse en una obra”.

“De todos modos, creo que la formación está en los cruces de la vida misma, si bien uno toma herramientas y  puede practicar en instancias más especializadas, el material, las posibilidades de abrir el trabajo a más dimensiones las he encontrado en la cotidianeidad: una conversación, una situación, una imagen (...) Igualmente, entiendo que las distintas experiencias académicas y laborales son también indispensables.. Tengo la suerte de trabajar, principalmente como actriz, y también de ser amiga de autoras y autores que impulsan y renuevan su manera de hacer/escribir (teatro, cine, artes visuales) mezclando estéticas y formatos, ampliando la mirada de las categorías preestablecidas, al tiempo que van profundizando, particularizando lo que hacen, dialogando con el entorno con muchísima pasión, rigurosidad, sensibilidad, convicción, libertad y sentido del humor. Todo esto ha sido un gran aprendizaje en mi búsqueda autoral”.

Actualmente, Ana relaciona su interés por generar espacios de creación con un compromiso en la lucha por la igualdad de género, participando como miembro del equipo de Lápiz de Mina: proyecto nacional que da espacio a la promoción y difusión  de las voces de las dramaturgas como respuesta a la evidente discriminación que se realiza ante sus obras (temática a la cual nos referimos al inicio de este texto). A modo de ejemplo, si se recogen cifras  aún en forma aleatoria, éstas entregan un panorama bastante claro de la situación: “De los Teatros Universitarios en Chile (parte de la tradición escénica de más larga data en nuestro país) el Teatro UC, en sus 70 años de trayectoria y 232 estrenos, da cuenta sólo de 14 dramaturgas en su canon de exhibición. Por su parte, el Teatro Nacional, en 71 años, ha realizado 10 estrenos de autoras femeninas. Finalmente el Centro GAM, de un total de 134 obras de teatro estrenadas hasta el 2014, solamente 23 fueron de dramaturgas mujeres, de las cuales solo 10 son chilenas”. (Ver www.lapizdemina.cl)

Recientemente Ana, junto a otros autores chilenos, uruguayos y argentinos, fue seleccionada para participar del taller de Royal Court Theatre 2016. Este programa de talleres, creado el año 2012 (Consejo Nacional de la Cultura y las Artes,  British Council, Fundación Teatro a Mil), tuvo en esta versión el objetivo el reunir a  dramaturgos de este prestigioso teatro  londinense con jóvenes escritores  de la región, con el fin de guiar la elaboración de nuevos textos que den cuenta de la creatividad y búsqueda expresiva de lxs dramaturgxs en su contexto particular.

Obras anteriores

Si bien Ana Corbalán pertenece a la categoría de autor emergente, tiene una producción de obras significativas que, al igual que la aquí seleccionada, se caracterizan por surgir desde una sensibilidad que se cruza  entre lo cinematográfico, lo narrativo y lo teatral. Hasta ahora, sólo ella se ha encargado de dirigir sus propuestas textuales, entendiéndolo como una continuación del mismo proceso de creación.

"Clara (una tercera persona presente)", obra de pequeño formato, nació el año 2009 a partir de una improvisación escritural. Fue la tercera puesta en escena a realizarse en el Gabinete para un espectador, creado por el cineasta Leonardo Medel en el Teatro del Puente el 2010. Los espectadores rotaban en funciones de 8 minutos, participando de un modo íntimo y cercano de la historia de una chica despechada, narrada por otra voz que especulaba sobre lo que Clara sentía, pensaba y hacía en un brevísimo instante de su día.

Rita/Yonatan Roni/ El texto (2009)  fue “mi primera obra largaduración. Tomó cerca de un año, entre su concepción, definición (cine o teatro, cine o teatro, cine o teatro), escritura  y posteriores revisiones”.  Abordaba la relación de dos jóvenes en distintos momentos de la adolescencia, en el contexto de la transición a la democracia, centrándose en su mundo interior, a través de cuadros de texto que funcionaban como subtítulos. Se presentó como lectura dramatizada para el ciclo La rebelión de las voces el año 2012.

“Lauri y Lú  (2016) nació como idea hace varios años, tiempo en el que generé distintos materiales, notas, diálogos, imágenes. Al revisarlos el 2015, seleccioné algunas líneas breves y, a través de distintos ejercicios, inventé un par de escenas. Ese proceso devino en un primer borrador que guardé, mientras comencé a trabajar con los actores en los distintos “momentos” de la obra y sus posibles conexiones.  En paralelo fui revisando el texto preexistente, tomando ciertos elementos de las improvisaciones escénicas, hasta llegar a otra versión. Esa obra siempre nació con la idea de terminar de ser escrita con los actores y el espacio físico que la abordara. Ver qué pasaba con todos esos elementos. Crear una partitura textual en constante diálogo con la experiencia del presente. Por eso era indispensable además, trabajar en un espacio no teatral”

Lauri y Lú se centra en la particular relación de dos hermanos que se despiden de la casa en la que han vivido la mayor parte de su vida. Tuvo temporada a comienzos de 2016, en una casa que funciona como espacio cultural y que eventualmente va a ser demolida para convertirse en edificio de departamentos, tal como ocurre en la ficción de la obra.

Tarde de verano es una obra que mantiene la inquietud de la autora por los pequeños conflictos de la vida cotidiana y el gusto por indagar en personajes que comúnmente serían secundarios. En ella nos habla de la soledad, el viaje, la rutina, la búsqueda de identidad, y la manera en que relatamos quiénes somos.

Nació a partir de un ejercicio de taller el verano de 2015, y se desarrolló por varios meses, contando con distintas instancias de lectura y revisiones con otros escritores (y no escritores). “Creo que Tarde de verano es el texto más teatral que he escrito. Hay más diálogos, personajes y situaciones que en otros.  Como ya es frecuente, me tomó un tiempo entenderlo como  una “obra de teatro”. Pero una vez definidos quiénes serían los protagonistas y su lenguaje, fue más clara la necesidad de desarrollar los distintos mundos y relaciones que ya coexistían intuitivamente en el mismo espacio de la ficción, y la creencia de que el teatro como formato podía sostenerlo todo de un modo más contundente”

Los hechos de la obra son simples, pero el texto se enriquece por el modo en que las distintas percepciones y reacciones de los personajes tienen lugar frente a un mismo suceso. “Es un juego en el que experimento con la temporalidad y los puntos de vista para preguntarme por el sentido de lo “real” y lo “dramático” (…) Lo que aúna a los personajes es que buscan algo más allá, un cambio que los ayude a redefinirse en un mundo rutinario. En el fondo, todos sueñan con ser otros y están muy determinados por lo que los demás dicen u opinan de ellos (…) Para mí,  eso habla de la constante necesidad que existe en nuestro país de estar categorizando lo que ocurre y quién se es, según lo que se hace (…) Veo también en la obra, la posibilidad de reírnos de nosotros mismos, de presentar el absurdo de la vida cotidiana, y exponer la multiplicidad de historias, personajes, pensamientos y emociones que cada instante puede contener. Además, de evidenciar que cada uno puede transformarse en el protagonista de su vida y, de algún modo, cambiar las circunstancias conocidas, para re-conocerse y reencontrarse con otros, con el mundo. No todos nacemos en un contexto en el que eso se vea inicialmente posible, tal como le ocurre a la pareja de perros que protagoniza la obra, pero sí creo que todos tenemos derecho a luchar por encontrar una manera de lograrlo”

Dialogando sobre las referencias e  imágenes que la acompañaron durante la escritura de esta obra, Ana recordaba alusiones a series y películas de origen estadounidense con personajes policíacos de escenificaciones algo kitsch  donde el tránsito y el viaje son elementos recurrentes, y que hacen eco en un espíritu popular fecundado de lo absurdo y  lo sicotrópico. Por otra parte, la acompañaba una musicalidad teñida de esas canciones hechas para el verano y tal vez por ello llegó a reiterar durante su etapa de escritura, entre otras, la compañía de Las cuatro estaciones de Vivaldi, composición que actualmente es tan pop como clásica.

Es que el texto de Tarde de verano  lo podemos definir como una obra pop, con tono de falso thriller, en la cual coexisten tres líneas de acción y estilos de lenguaje diferentes, que de a poco comienzan a cruzarse, siendo el juego y el espacio de la ficción los elementos que las unen. Otra característica importante que la atraviesa, es la musicalidad que se propone en los ritmos de los textos. “Para mí, cada mundo que la compone, tiene un tempo propio, que se va entretejiendo con los demás hasta formar la textura completa. Así mismo, la naturaleza que contiene a la obra, suma otra capa más, haciendo que el paisaje, como en la vida misma, también cobre relevancia dramática”

Ana Corbalán siente que el haber sido seleccionada en esta muestra le da la oportunidad y el desafío de reflexionar más detenidamente en el oficio escritural, así como de aprender de la mirada de otro, para abrir de un modo más radical las posibilidades de lectura e interpretación de su texto al traducirse a la escena.

 

Sección solo para lectores compulsivos y  futurxs directxr que deseen montarla

Compartimos con Uds. referencias sobre la obra que nos dio Ana Corbalán en el transcurso de las comunicaciones que hemos mantenido para esta Bitácora: