Dramaturgxs, textos y contextos: Leonardo González

Por Pedro Celedón

Nació en Santiago de Chile y realizó sus estudios en el Colegio Francisco  de Miranda, en Peñalolén. Empezó a escribir a los 14 años diarios de vida y una novela que nunca terminó. Sus primeras maestras en literatura fueron Alejandra Costamagna y Pía Barrios. Entró a un coro. Giraron por Europa cantando.

En la Escuela de Teatro de la Universidad Católica de Chile elige ser actor. Para Leonardo, esta etapa “fue interesante y  exigente, pero un poco alejado de la escritura y de la lectura, aunque leí mucho”.

Escribió su primera obra a los 18 años, en su tercera, Del otro lado del espejo (terminada en 2008) “inventaba un mundo en el cual pasan cosas que en otros mundos no sucederán jamás y donde toma todo su sentido lo épico que se manifiesta incluso  en la muerte de casi todos los personajes.  En lo narrativo era un viaje en la búsqueda de justicia,  y era también un viaje hacia la búsqueda de una voz realista con algo de magia” (…) “Fue mi primera obra (no profesional) dentro del marco académico en la Escuela de Teatro. Trabajamos  distintos compañeros y profesores. Una pieza organizada en dos actos donde caía nieve, había desaparecidos, enanos, lobos y gente moría en manos de un ejército que vivía Del otro lado del espejo. Contamos con la interpretación en el piano de Tomás Reyes y del maestro compositor Rodrigo Herrera, quien hasta el día de hoy trabaja conmigo”.

En su etapa universitaria en Chile, participó como ayudante de los cursos Teoría y Técnica Dramática I y II,  Taller de construcción dramática y Taller de Dramaturgia Avanzada, tanto con Coca Duarte, Inés Stranger, Ana López y con el maestro Juan Radrigán, lo que indudablemente le permitió tener un contacto amplio y diverso con la escritura teatral chilena.

Desde 2009 estrena al menos una obra al año en diversos formatos y para distinto público. Ha escrito textos para su familia, para amigos y hasta para comunidades indígenas en la selva peruana.

Sus escritores preferidos son muchos. Roberto Bolaño, Pedro Lemebel, Federico García Lorca. Del mundo de cine, Federico Fellini,  Pedro Almodóvar, Woody Allen y  Wim Wenders. Sus dramaturgos chilenos de cabecera: Guillermo Calderón, Juan Radrigán y Alejandro Moreno. A su vez, “me interesa el trabajo que hace Manuela Infante, Rafael Spregelburd, Koltés, Tennessee Williams, Caryl Churchill, Harold Pinter. Obviamente Genet. Fassbinder. Sarah Kane”.

También están los escritores con los que he vivido y estudiado en Nueva York, gente humilde, trabajadora y de un estremecedor talento. Tardaría un rato en hablar de ellos, así es que prefiero dejarlo así, en general”.

Si seguimos la métrica que propone Gabriela Mistral en su texto Gabriela piensa en… diremos junto a la poetiza que solo se comienza a ser escritor al séptimo libro, lo que entendemos como obra entregada a la vida pública. Leonardo González entonces puede ser entendido como tal  ya que cinco de sus textos han sido editados: Aquí no se ha enterrado nada, Madre, he vuelto , Imago Darth Vader contra Darth Vader, Ellas cantan y  nueve de sus textos han sido llevados a escena en distintos formatos con lo cual  el círculo virtuoso: texto/puesta en escena,  genera obras equivalentes a la conjunción que crea un libro en que convergentexto/publicación.

Sus obras que han sido puestas en escena (como montaje) son:

Del otro lado del espejo (2008)  y La mejor oportunidad del mundo (2011) dirigidas por el mismo Leonardo González. Silabario (2009) dirección colectiva. Sábado (2009) dirigida por Julio Ramos. Madre, he vuelto (2012-2015) dirigida por Catalina Ramírez. Aquí no se ha enterrado nada (2013) dirigida por Juan Pablo Troncoso. Chilena (2013) dirigida por La Tañadora. Imago (2014). Campinas, dirigida por Claudia Echeñique.

Leonardo recuerda que su integración a la Universidad de Nueva York el año 2014 fue dura en un principio y que sentía que su nivel era más o menos, pero que solo en dos años lo levantó. Es evidente que las grandes ciudades del mundo son capitales culturales desafiantes para cualquier artista o estudioso del arte. “En Nueva York no es fácil sobrevivir en ellas porque lo que valen no son tus contactos sino exclusivamente lo que significa tu trabajo. Si eres bueno, sobrevives. Si no, la ciudad te patea. Eso pienso hoy. Puede que mañana la descubra diferente. Pero aquella sensación que comento implica el acuerdo de hacerte cargo de lo que debes ser y esforzarte al máximo en virtud de lo que puedas hacer. Si no sirves ojalá que no sea porque no hiciste todo lo que estuvo a tu alcance para explorarte como creador”.

Su actual formación la realiza en Spanish Creative Writing  de la Universidad de Nueva York (NYU), “un lugar muy especial. El grupo humano que se genera entre los escritores latinos allí es de un calor inagotable. Les debo la vida a esos chicos, a mis profesores. Nos apoyamos entre luces y sombras, fantasmas y gigantes moles que esconden un pulmón llamado Central Park y otro medio pulmón llamado Prospect Park, bellezas donde se piensa el arte mientras el mundo todo pasa caminando corriendo andando en bicicleta o en monopatín”.

Fuera de su formación en NYU, ha tomado un taller con el escritor  Enrique Winter, “Un poeta con mayúscula, de un valor hoy incalculable. Ha sido traducido a más de diez idiomas y en Chile recién ha empezado a sonar con fuerza, es un monstruo de la poesía chilena actual y fue un profesor muy importante para mí en NY, además de ser un personaje entrañable. Nos parece relevante destacar el hecho de que Leonardo González continúa vinculado estrechamente a la escena local chilena, participando desde Interdram,  instancia anteriormente aludida como un referente importante para los dramaturgos locales y de la cual es co-fundador el año 2014, junto con Bruce Gibbons (autor premiado en esta Muestra).

La actividad de un dramaturgo, como la de todo artista actual, es intensa y conlleva un movimiento no solo interior sino también entre paisajes y ciudades, lo cual señalamos en las primeras bitácoras refiriéndonos al Radicante que describe Bourriaud, ese nómada creativo, antiguo caminante lúcido de Baudelaire. Podemos ver como Leonardo participa de ello al ser (solo en este último periodo) seleccionado por el Royal Courth Theater para el Taller 2016-2017 a realizar en Chile ( hecho en septiembre), Argentina y Uruguay, con 16 dramaturgos del Cono Sur,  y  que en noviembre estrenará su obra Nanas dirigida por Tatiana Pandiani en el Ciclo de lecturas dramatizadas Escena SUR, contemporary chilean plays II desarrollado por la Micro Theater en el  The Bridge Theatre -Shetler Studios, en Manhattan, Nueva York. 

Una pensión en Yungay, su obra seleccionada en esta muestra de dramaturgia, le tomó tres años para escribirla en un proceso reposado con espacios para el ensayo y el error. Todo lector compartirá con nosotros el evaluar cómo una dificultad el desarrollo que implica una obra con más de 10  personajes que construyen el relato, sin que exista en el sentido convencional un protagonista.

Su lectura se recibe como el despliegue coral de personajes en una tragicomedia de situaciones  disparatadas, vertiginosa en su desarrollo y vinculada a un realismo mágico que resiste perfectamente su vida en medio de la actual ciudad de Santiago. Para su autor la obra se puede inscribir en el género del melodrama, con citas evidentes al cine de Almodóvar lo que la transformar en un implícito homenaje.

Leonardo asegura que para él no existe escritura sin biografía y no cree en la “no ficción”. Consecuente con ello esta obra surge desde su propia estadía en una residencia en el Barrio Yungay, zona cosmopolita de Santiago. Claro está que no es un trabajo documental sino una zona abierta a las memorias particulares teñidas  de la película Átame (Almodóvar 1989)  en donde el texto juega como un laberinto de espejos.

“Siguiendo a Woody Allen que dice que escribir es primero que todo pensar una idea, puedo decir que empecé a escribir esto que hoy se llama Una pensión en Yungay una vez que una amiga me dijo… ¿por qué en vez de pensar en tanta ficción no escribes sobre esa casa loca en donde vives?...Cada vez que me cuentas yo quedo pensando que sería una excelente comedia.  (…) Esa manía de intentar cambiar la vida al escribir una pieza para teatro, como si echarla andar fuera armar una estructura en el delirio”.

Es muy interesante aproximarnos a las rutas que siguen los textos dramáticos, ya que cada  autor confronta su obra durante el proceso de la escritura. La enriquece en el contacto con el otro que la lee, la dramatiza o solo la comparte. Este se refleja en la trayectoria que Leonardo nos envió en el momento que su obra fue seleccionada, compartiéndonos el hecho de que su “texto partió en la Escuela de Teatro UC, en un taller de dramaturgia con Inés Stranger, y otra parte se escribió en Brasil (...) pero a la vuelta no estaba lista y varias partes que escribí a mano se perdieron o no me entendí la letra cuando hice el esfuerzo de pasarlas a computador. Llegó (luego) un Taller de Creación del Consejo de la Cultura en Puerto Montt donde el texto dio otro paso. Posteriormente con Interdram (en Dínamo) pareció tomar un rumbo definitivo. Y al último, con una beca de creación, logré sentarme a cerrar lo que ya era una odisea, en Nueva York, desde una habitación que da a un barrio de afroamericanos e inmigrantes caribeños, siendo yo también un inmigrante como algunos personajes de Una pensión en Yungay supe que era en ese contexto donde había que cerrar esto para volverlo a abrir ahora con ustedes”.

El autor agradece en todo el proceso de escritura de esta obra a Inés Stranger, Coca Duarte, y muy especialmente a Alejandro Chato Moreno

En comparación con sus textos anteriores, Una pensión en Yungay es una estructura que nunca antes había escrito. “Más de diez personajes en un tiempo cerrado y en un espacio cerradome costó muchísimo. Cada historia es una obra distinta, era como escribir cuatro obras y luego quise componer un collage a partir de todos esos registros. Pero también fue un proceso que amé profundamente. Como creo ocurre cada vez que los escritores podemos escribir una obra con libertad y en contacto con amigos íntimos”.

 

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