Dramaturgxs, textos y contexto: Juan Claudio Burgos Droguett

Por Pedro Celedón

Es el autor de mayor trayectoria entre losseleccionados en esta muestra. Su producción ofrece ensayos de fuerte corte poético, y un cuerpo de obra teatral con más de 20 textos que se han instalando como un referente nacional, siendo montados en instancias académicas y profesionales.La irreflexión de las cosas vivas (2016) es el noveno de sus textos seleccionados en La Muestra Nacional de Dramaturgia, lo que habla por sí solo del lugar relevante que ha ido ganando su autor en la dramaturgia chilena actual.

Las obras anteriormente seleccionadasfueron: Mal Sueño (1996),Casa de Luna (1997), El café de los indocumentados (2000), Tratado del Príncipe y las Manos Bermejas (2001), Transatlántico o la fuga de Europa (2002), HOMBREconpieSOBREespaldadeNIÑO (2005), Porque solo tengo el cuerpo para defender este coto (2008).Ante este panorama fue imposible iniciar nuestro perfil del dramaturgosin preguntarle sobre lo que  releva de los anteriores montajes de sus textos en este evento, a lo cual respondió que, “los trabajos que más me gustaron fueron Mal sueño, dirigida por Rodrigo Pérez con la actuación de Sergio Aguirre, Norma Ortiz, Tamara Acosta y Claudio González; creativamente fue un excelente trabajo, además, fue la primera puesta en escena de mi primer texto de teatro; otro trabajo que me gustó fue Casa de Luna, dirigido por Alfredo Castro y protagonizado por Pepe Soza; luego Tratado del Príncipe y las Manos Bermejas que resultó un texto muy sui generis que reescribí sobre dos obras de Calderón,El príncipe Constante y La vida es sueño. Contó con excelentes actrices y actores, entre ellas, Carolina Fadic, Tamara Acosta, y en los actores Fernando Gallardo, Jorge Becker, entre otros”.

Es durante la enseñanza media que tendrá sus primeros contactos con el espectáculo teatral, siendo alumno del Liceo A-127 de San Bernardo y  asistiendo a las obras que montaba el Teatro de la UC en el Auditorio del Liceo Manuel de Salas a fines delos 70 (cuya programación, por motivos más políticos que estéticos se sostenía fundamentalmente en textos clásico). Recuerda que, “era el repertorio que uno tenía que leer y era más fácil y más entretenido ir al teatro que leer. No me fascinaba tanto el texto, sino más bien la presencia, el cuerpo de los intérpretes en escena, esa presencia humana, pero no cotidiana que veía en obras como Las preciosas ridículas(1978) de Molière, una puesta en escena dirigida por Jaime Vadell, con Malú Gatica, Ramón Núñez y una actriz maravillosa de cuyo nombre no puedo acordarme; (luego) vi El gran Teatro del Mundo, (1981) dirigido por Raúl Osorio y protagonizado por Tito Noguera cuando todavía había una sola salaenel antiguo Cine Dante y el escenario era un círculo en el centro del cine, y los actores esperaban bajar al círculo ensayando en las galerías, y para mí, era más interesante ver cómo ellos arriba, en las graderías del cine (…) se preparaban para bajar al círculo; la ceremonia de este espectáculo me fascinó, y cuando entraban al círculo de luz, el gesto, el cuerpo y la voz adquirían un relieve extracotidiano. En esos años no tenía esas palabras, sino la sensación que después encontraron esas palabras que dieron forma a aquello desconocido. También vi puestas en el Teatro Antonio Varas :El enfermo imaginario, (1985), donde actuaba Enrique Heine”

Es pertinente para esta Bitácora unir el recuerdo de Juan Claudio con el que muchos debiéramos tener de EnriqueHeine (1928-1985), a quien va acá nuestro reconocimiento por haber sido un gran actor y participar entre otras instancias relevantes, en la fundación del grupo Ictus, del Sindicato de Actores, y desgraciadamente morir en el periodo que  interpretaba Argán, justamente en la obra El enfermo imaginario.

Posteriormente Juan Claudio ingresa a Pedagogía en Castellano en la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (ex Pedagógico). “Quizás lo que más me gustó de ese período fue leer mucha literatura, teatro poco, en el currículo de esa carrera, al menos, no se leía casi nada de teatro chileno”. Sin embargo recuerda haber leído a Egon Wolff, Vodanovic, Sieveking y Heiremans los cuales le quedaban rondando al punto que,  “seguía echando de menos los cuerpos en los diálogos de esos autores leídos con agrado o a veces por obligación”.

Ante nuestra pregunta sobre  primeras influencia o inspiraciones literarias para su escritura dramática,Juan Claudio nos compartió que, “El obsceno pájaro de la noche de José Donoso fue el primer libro que, con 18 años, saqué de la biblioteca del Pedagógico y me lo llevé a San Bernardo y comencé la ardua tarea de leer casi quinientas páginas hasta que lo terminé. Mucho tiempo después, vi una entrevista en TVEque la hacían a Donoso y ante la simple pregunta: ¿Cómo fue que terminóEl obsceno pájaro…? contaba sobre su ardua lucha física, intestinal, corporal cuando se sumerge en un proceso de escritura. (…).  Me lancé a leer casi todo lo de Donoso y apareció, entre las estanterías del Pedagógico, una edición de los años setenta de El lugar sin límites(1966), novelita que leí, leí y leí hasta que me la supe de memoria y que traté de escribir como teatro, (mi segunda escritura teatral) y que resultó ser Casa de Luna (1997) texto polémico, extraño, con un montón de errores, pero con una fuerza extraña, con unas figuras teatrales que bebí de todo lo que leí de Donoso y que de vez en cuando vuelvo a leer, y me sorprende y no me reconozco, porque perdí la noción de por qué escribí eso que escribí, o lo sé, pero no sé cómo decírmelo, y leo y me sorprendo cuando reviso las ediciones de la Muestra de Dramaturgia del año 1997, en las que se publicó ese texto”.

“Cuando acababa mis estudios en el Pedagógico y tuve que proponerme escribir un libro para titularme como profesor, llegué o volví, a Gabriela Mistral o a Lucila Mistral o a Gabriela Godoy, como me gusta llamarla con cariño.

Una profesora leyó un poema de ella, en clase de teoría literaria:

Ausencia

“Se va de ti mi cuerpo gota a gota.

Se va mi cara en un óleo sordo;

Se van mis manos en azogue suelto;

Se van mis pies en dos tiempos de polvo.”

 

En esos años conocía las típicas cosas que los chilenos conocían de Gabriela Mistral y no supe reconocer como suyos esos versos. Y ahí surgió el otro “empellón de sangre” y me volqué a leer en cuerpo y alma toda su poesía, y descubrí palabras que me siguen dando ganas de escribir.SecretLove (Longisland) del año 2010  es uno de los resultados de esas lecturas y vendrán más cosas”.

Su formación universitaria continúa a inicios de los 90 en  la Escuela de Teatro de la UC, donde ya no solo leerá dramatugia sino que compartirá con los dramaturgos. “Hablé y discutí con alguno de ellos: Wolff lo escuché, Sieveking lo vi y lo escuché, de la Parra, lo escuché mucho, y discutí mucho, Stranger, la escuché y discutí mucho también, Radrigán, lo vi y lo escuché; Griffero lo ví, Galemiri, lo vi y me entretuve en sus clases; Azama, entendí poco, porque no sabía francés; el Paco Rivano, vi Dónde estará la Jeannette en la Plaza Ñuñoa, y no discutí con él porque solo vi su puesta en escena; Jorge Díaz, lo escuché en clases con María de la Luz Hurtado y me encantaba la claridad y tranquilidad con la que explicaba su escritura. Y esa forma de explicar y de contar la dramaturgia era más que leer, era escribir con ellos. Y aprendí cosas”.

“La escritura que me fascinó y las ideas que me mueven todavía a dar la vuelta a todo y hacer todo del revés fue lo que aprendí con Marco Antonio de la Parra en el taller de la Biblioteca Nacional, 1997-1998, donde conocí y escribí con Benito Escobar, Cristian Figueroa, Lucía de la Maza, Mauricio Barría”.

Desde este gigantehumus Juan Claudio irá diseñando su propia escritura la cual para  éles algo tan profundo, intimo y orgánico como el acercarse a la percepción de la realidad. “Es casi como un sentido más, casi como si fueran mis ojos, es casi mis ojos, a través de ella me doy cuenta de cómo está construyéndose el mundo y dentro de él me voy construyendo o voy deviniendo yo en ese mundo. De ahí que todo lo que he escrito hasta ahora tiene que ver con mi biografía. Por eso, tal vez, mis referentes son siempre materia donde me veo: literatura, pintura, música, paisajes, sonidos, personas, cuerpos, palabras, etc., y a partir de esas materias construyo lo que he llegado a definir como un texto que es mapa donde se escribe la geografía de un cuerpo alterado

En su formación  se da cumplimiento aquello de que las fuentes que lo constituyen e inspiran como creador, no están exclusivamente en  los materiales, que canónicamente  pertenecen a lo teatral, dando cuenta de la necesidad del arista de hoy (y posiblemente de muchas otras épocas) por contactar con otros ámbitos (y no solo del arte)  para enriquecer su propio lenguaje. Al respecto nos compartió que años antes de estudiar teatro grabóun programa transmitido por la Radio Concierto sobre Violeta Parra, lo cual, aunque hoy parezca una locura no era habitual en esos años de dictadura. Recuerda “una biografía demasiado resumida, pero muy exacta de los casi cincuenta años de esa mujer. La biografía estaba en el relato que leía, a veces con errores de acentuación o de comprensión de texto, Javier Miranda; el guión utilizaba líneas de Defensa de Violeta Parra de Nicanor Parra; era un texto que de tanto escucharlo, me lo aprendí. La música que iba entre relato y relato, no era cronológica, pero servía y daba energía progresiva a la narración. Después de septiembre de 1982, comencé a buscar música de esa mujer y la escuché hasta saberme de memoria los cientos de canciones que le escuché cantar. En Violeta hay un pulso, hay un ritmo, un sonido, un quejido, una risa, una voz, un timbre, un tiempo, una textura que me remueven: ¿eso tal vez será lo que busco cuando escribo, eso que no sé si es teatro u otra textura?”.

En relación a los montajes que lo marcaron durante su formación en la universidad nos compartió que, “la escena que me fascinó y me sigue fascinando, fue la propuesta de Alfredo Castro que vi en los años 90 en la Sala Nuval que ya no existe, allí en esa sala que no existe hay algo de lo que busco cuando escribo”.

Es necesario recordar que en esos años es en la Sala Nuval donde el Teatro La Memoria estrena su Trilogía de Chile, a mi juicio uno de los momentos teatrales más destacados del Chile de la transición.

Actualmente reside en España desde el año 2003, donde ha trabajado en la Universidad Carlos III de Madrid como profesor de Dramaturgia y Guion cinematográfico. Paralelamente ha dictado cursos y talleres de Escritura Dramática e Historia del Teatro  en diversas escuelas e instituciones.

En España las escrituras que me llevan al teatro son Angélica Liddell y Rodrigo García, pero como se autoexiliaron en alguna ciudad recóndita de Francia, voy muy poco al teatro, me refugio en el cine y en proyectos posibles y finitos con Rodrigo Villagrán, IagobaHuarte, y de vez en cuando converso largamente con Paulina Chamorro, Ariel Schejtman, Nieves Olcoz sobre España, la UE, Chile, Chile, Chile, y el estado penoso de las cosas penosas que suceden a diario.Ah, y Castellucci, con quien,NO converso, pero espero ver este sábado (15 de octubre 2016), si hay entradas, si no forzaré las puertas y lo veré igual”.

A nuestro juicio, a pesar de un carácter más bien reservado, Juan Claudio nosolo es un dramaturgo e intelectual destacado, sino que también un verdadero agitador cultural de aquellos que felizmente existen en diferentes ámbitos y que están intentando dar  cuerpo a una globalización consciente, sensible y critica. Esto lo afirmamos al aproximarnos a algunas de sus colaboraciones, como el ser miembrodel grupo de investigación teatral Blenamiboá que participa activamente en la búsqueda de nuevos lenguajes escénicos, en la creación de obras y en proyectos de innovación pedagógica. Esta colectividad tiene además una revista, Ophelia,en la cual Juan Claudio participa de su equipo editorial. Es una revista madrileña enfocada en divulgarproyectos analíticos relacionados con el teatro y otras artes contemporáneas.El trabajo  colaborativo descrito lo realiza además como socio fundador de la Asociación de Dramaturgos Nacionales (A.D.N), instancia que reúne a dramaturgos  chilenos de la llamada Nueva Generación  avocados a desarrollar labores de difusión y experimentación en torno a trabajos de escritura y puesta en escena teatral contemporánea.Referirnos al conjunto delas sinergias que se producen en las asociaciones con las cuales Juan Claudio colabora, es hablar  de  cientos de aristas que se interconectan en creaciones de obras, publicaciones, festivales, encuentros y talleres teniendo claramente encendido el fuego de la escritura teatral.

De sus más de veinte obras es difícil de generalizar, pero nos aventuraremos a diseñar un perfil esbozándolo desde el reconocer que cada una de ellas tiene su voz, su textura, sus registros propios, por lo cual si bien es identificable, es variada y a veces sorprendentemente distinta. Invitamos también  a los lectores a percibir cómo  trabaja “el tiempo”, no solo como material semántico sino también  como estructura dramática, esto se evidencia en esos movimientos en que  avanza y  retrocede  creando dinamismo aun en obras de pocos protagonistas y enmarcadas en una temporalidad precisa como es La irreflexión de las cosas vivas. Otra característica interesante de remarcar es que en sus obras la emotividadsale de la acción, no la impone el texto. Sus largos monólogos implicados en muchas de sus obras suponen  una densidad verbal que obliga al dramaturgo a  profundizar en el lenguaje,  y esto es una de las riquezas de su escritura.

Dejando nuevamente la voz al dramaturgo, Juan Claudio nos compartió que para él,  “el texto es siempre un intento de respuesta a mis preguntas y esas preguntas, casi siempre, son respondidas parcialmente, es decir, nunca quedo contento con lo que escribo, y la escena viene después y acoge ese trabajo, y aparecen otras preguntas: cómo hacer estas palabras un cuerpo, cuando escribo siempre pienso en cuerpos, en luces, en texturas, en espacios. Dije, alguna vez, la voz escrita es un cuerpo, o la escritura una palabra acción, escribir es siempre una pregunta”.

Desde un artículo publicado en las Columnas de Radio Cooperativa(http://blogs.cooperativa.cl/opinion/tag/juan-claudio-burgos/) extraemos algunas de sus ideas sobre  la escritura, conscientes de que estaspalabras nos aproximan no solo a su imaginario sino que también al corazón detodo dramaturgo:“Las palabras intentan captar el gesto mínimo. El gesto mínimo es siempre loque aparece de improviso. El gesto que nadie ve, o que muy pocos ven, solo el que escribe. Muchas veces las palabras no logran volverse ese cuerpo mínimo que es el gesto.

Escribir es siempre literatura, porque no hay otra forma de hablar de lo vivo. Pensar en la historia de una trayectoria. Traer las tareas hechas de la casa.Pensar y revisar las influencias. Leer sobretodo literatura y muy poco de teatro. Pensar la manera de explicar la escritura a través de un símil con la poesía.

Pensar en qué es lo que realmente escribimos. Desde el primer momento hay residuos de elementos biográficos.

Descubrir una forma no aprendida de entender el texto o la construcción textual. Se comienza casi sin herramientas, con la pura intuición. A medida que se va conociendo más el mundo, se van adquiriendo formas de pensar lo escrito. Hay que olvidar esas formas, si se quiere escribir”.

Sin ánimo de un ranking facilistas le preguntamos cuál de sus obras marcaron hitos en su escritura, ante lo cual  respondió que “Hombre con pie sobre espalda de niño y Porque solo tengo el cuerpo para defender este coto,  porque marcaron una escritura casi madura. El primer texto puedo explicarlo como un relato casi biográfico de cuando era niño; el segundo es la voz de mi padre que comienza a contarme cosas de su vida yescribí esas cosas casi de un tirón.  Son textos donde me revelé de manera más rotunda en lo relativo a las estructuras de construcción teatral. Creo que la escritura siempre debe romper formas. Es un discurso inédito”.

En La irreflexión de las cosasvivas, obra seleccionada a la presente muestra, tomará  cinco años para concluirla. Comenzó siendo un ejercicio de escritura en un cuaderno de notas que llevó a La Habana cuando estuvo allí para el lanzamiento de unlibro de dramaturgia chilena contemporánea.que antologaba a siete autores chilenos en el contexto de la Feria Internacional del libro en La Habana (FILH. 2009). “Lo que me fascinó del boceto que vino a llamarse La irreflexión…, fue la forma extraña y seductora con que las palabras llegaron a describir los días que pasé en esa ciudad. Y fascinado con esa forma nueva para mí, seguí trabajando con esas voces, con esas construcciones, con esos cuerpos medio dibujados, acomodándolos, copiándolos de una manera nueva, volviendo a la manera original, tomando las palabras como si fueran objetos o cuerpos que movía a mi antojo, según mi voluntad y mi deseo”.

Con solo dos personajes y centrada abrumadoramente en el discursos de uno de ellos, La irreflexión de las cosas vivas desde una situación engañosamente simple y  vinculada al propio oficio del dramaturgo, nos hace participes de las ensoñaciones y deseos que viajan a la deriva en el alma de su protagonista, en tanto irremediablemente se consume la eternidad de un presente construido sobre siete días (cómo ignorar lo que implica esa temporalidad en la cultura cristiana-occidental). En  este condensado espacio temporal,  la soledad, el oficio, la relación maestro discípulo, el viaje, las mochilas culturales, la química de la piel, encuentran su escenario para añorar imágenes tan arcaicas como el paraíso perdido y  la complitud en el otro.

Para Juan Claudio Burgos  escribir “siempre ha sido algo parecido a lo que hace el director con el espacio, el tiempo y el cuerpo de los intérpretes. Cuando cesaba mi juego con los objetos, las voces, los paisajes, los atardeceres, las caminatas, el calor, las conversaciones inútiles, los silencios, las palabras sueltas, el miedo, el frío, el sol, la noche, la soledad, las ganas de regresar, el hastío de esa ciudad, el cielo, los edificios, las calles, las tumbas de los ilustres, los lazos rotos, las comidas inútiles, los ruidos desafinados de las trompetas, las palabras imposibles, la quietud, las historias sobre Loynaz y su pareja gay, la lluvia tibia y sucia, la camiseta mojada, la incomprensión de los cuerpos, etc., etc., etc., y cuando todas esas cosas y otras que vivían desordenadamente y sin rumbo en ese cuaderno de notas, me agotaban,  como un Borges ciego me tomaba de la mano de mis lazarillos para que me acompañaran en ese viaje y me cogí fuerte de la mano de Epístola a los jóvenes actores para que la Palabra sea devuelta a la Palabra de Oliver Py, y me agarré aún más fuerte a la mano de Ante un hombre desarmado de Mauricio Wacquez y, dentro de este último libro lazarillo, leí y copié la línea que es epígrafe y que dio título a mi último texto: la savia corriendo con la irreflexión de las cosas vivas”.

Lectores compulsivos