Un hito significativo

Por Pedro Celedón

 

Ahora las cosas cambiaron: los dramaturgos consagrados ya mostraron  lo suyo, los jóvenes también, las temáticas ya se abordaron. Es el momento de investigar en el lenguaje (…)  el momento de la experimentación de texto, montaje y estructura”. 

Alfredo Castro

 

La convocatoria mantuvo desde 1994 la estructura de seleccionar textos inéditos para ser montados en sinopsis breves, hasta que cambiará radicalmente en su sexta versión realizada los años 1999-2000, proponiendo bajar el número de obras y montarlas integralmente. Este cambio no se instaló sin debate, ya que la nueva modalidad dejaba atrás un periodo de cinco años con cifras exitosas en audiencia de público en cada sesión del encuentro, la publicación y distribución  nacional  (algo también en el plano internacional) de los 47 textos ganadores seleccionados entre un universo de 427 obras que concursaron. Interesante era además tener en consideración que el 50% de las obras ganadoras y montadas en fragmentos habían sido posteriormente  puestas en escena en forma integral y estrenadas en diferentes teatros nacionales de Santiago y provincias.

En 1999-2000 los responsables fueron Ana María Foxley,  Encargada de la Muestra  y Jefa del Departamento de Cultura de la Secretaria General de Gobierno y   Alfredo Castro, actor y director de trayectoria, quien en ese momento dirigía la Asociación de Directores de Teatro y era miembro del Consejo del Teatro Nacional Chileno. Es indiscutible que Alfredo Castro tenía un panorama privilegiado del hacer teatral  y por ello pudo defender una decisión atrevida en su calidad de Director Artístico de la muestra, cambiando radicalmente el formato.

En una artículo de prensa de esa época explica: “El cambio  de esquema obedece a lo artístico porque nos dimos cuenta que se había vencido el recurso de presentar resúmenes  de los textos seleccionados (…) Los autores jóvenes empezaron a escribir para media hora  pero el desafío de un autor dramático es escribir más largo y el Festival de pequeño formato que  organiza Marco Antonio de la Parra  viene a cumplir ese papel”. Se enfatiza por parte del director artístico de la muestra “que el espíritu es destacar el trabajo de la dramaturgia actual y no poner en perfección un montaje”. 

En aquella  VI Muestra de Dramaturgia Nacional fueron tres los textos  seleccionados por  un jurado compuesto por Alfredo Castro, Benjamín Galemiri (dramaturgo), Luis Vaisman (académico), Juan Andrés Piña (crítico teatral) y Ana María Foxley en su condición de Jefa del Departamento de Cultura: Voces en el barro de Mónica Pérez  (debutante), Un ínfimo suspiro de Mauricio Barría (debutante), El café de los indocumentados  de Juan Claudio Burgos (autor de trayectoria), tres obras para un cambio de milenio aparentemente nada luminoso, ya que cada una, en su estilo, develaba el alma herida de sus protagonistas.

Un ínfimo suspiro de Mauricio Barría fue dirigido por Marcelo Alonso y contó con los actores Alex Rivera y Víctor Montero.  

La obra narra las relaciones entre un torturador y su víctima, explorando provocativamente el fenómeno físico del hecho teatral y estableciendo descarnadas relaciones entre los personajes. Siguiendo un artículo escrito en esa época por Alejandra Costamagna podemos extraer que,  “esta obra ratificaba el lenguaje de su autor que construye desde discursos fragmentados, retorica de la imagen, discontinuidad temporal, personajes casi monologales”, construyendo  una trama “donde los afectos se van resquebrajando  en paralelo con las traiciones política”.

El café de los indocumentados de Juan Claudio Burgos fue dirigido por Marcos Guzmán, contando como  elenco  a Jessica Vera, Mario Poblete, Eugenio Morales, Eduardo Soto, Juan Pablo Ogalde.

La acción acontece en un café en donde personajes que están esbozados en forma casi fantasmagórica, cohabitan o coexisten. Pedro Labra (crítico teatral)   reconoce en el texto  “el empleo notablemente creativo del lenguaje”  y una composición “a la manera de Müller – dramaturgia de la desconstrucción, teatro fuera del teatro”. La calificó como una obra “laberíntica que  parece ser mayoritariamente una fantasía  delirante y violenta sobra el poder autoritario, a través de unos personajes abusados y aplastados”.

A nuestro juicio, es un texto con una carga poética muy fuerte que entrega parlamentos extendidos a los personajes, que son a la vez fragmentados continuamente por puntos. Suspensión o silencio que condensan la fuerza de las palabras en breves frases en las que el simbolismo arde, construyendo unidades de sentidos a modo de imágenes.

Voces en el barro de Mónica Pérez,  dirigida por Andrés Pérez, contó en su puesta en escena con las actrices Valeria Correa, Verónica Bravo, Elizabeth Vera, Marcela Silva y Andrea Ubal.

Esta obra tiene un proceso que ilustra muy bien el espíritu de la muestra y la altura de miras de  Andrés Pérez,   quien  hizo un giro en su montaje a último momento. La dirección de la obra durante los ensayos llevó al texto a su casi desintegración, en una situación performatica del alma del ritual, cargando al acto teatral de misticismo. Esto se sumaba al hecho de que la búsqueda de Pérez como director lo llevó a  trabajar con sus actrices desnudas,  generando una expectación bastante grande que se puede seguir en la prensa del momento. Pero  Andrés, demostrando una vez más su calidad de maestro, abandonó a último - literalmente último- momento ese camino, por un motivo que debiera seguir siendo un ejemplo: el comprender que su trabajo de director en el este contexto de la Muestra,  debiera velar por el dialogo estrecho con la propuesta del dramaturgo y la verdad es que se había alejado. Entonces contra todo pronóstico viste a sus actrices y disminuye al máximo sus acciones logrando una atmosfera conmovedora que respetaba en forma profunda al texto, alejándose del imaginario que lo había hecho legítimamente transitar a una nueva autoría de director. Las palabras de Mónica Pérez, autora del texto dramático, en Las Ultimas Noticias dan señales claras de ello, “al momento de escribir la obra imaginé un oratorio, lo que se cumplió finalmente. Estoy feliz”.