Dramaturgxs, textos y contextos: José Antonio Luer

Por Pedro Celedón

Con 23 años y recién egresado de la carrera de actuación del DUOC en Viña del Mar, es el dramaturgo más joven entre los ganadores del actual concurso. 

Si aceptamos aquello que se afirma sobre el hecho de que no solo cruzamos los paisajes en que habitamos, sino que estos también se cruzan al interior de nosotros, podemos entonces considerar pertinente el iniciar el diseño del perfil de este dramaturgo dando importancia a que su infancia se viera enriquecida con traslados familiares. José Antonio nació en Viña del Mar, muy pequeño su familia se trasladó a Santiago y cuando tenía seis años volvieron  a Valparaíso. 
Con la cordillera y el mar en su imaginario se fue formando, “en muchos colegios... tengo una lista larga en donde caben tanto privados como públicos e institutos, esto debido a los cambios económicos en mi familia y también a que en mi siempre hubo una dificultad en el modo en que se me planteaba la forma de educar... siempre tuve una discrepancia con los colegios, nunca pude aceptar la forma en que se me estaban enseñando las cosas”. 

Debemos adjudicar parte de ese espíritu crítico, y el inicio de su temprana vocación hacia la escritura, al hecho de que este joven dramaturgo es nieto de la recientemente fallecida poeta, narradora, ensayista y crítica literaria porteña  Sara Vial (1927- 2016) cuyos trabajos la hicieron merecedora de los Premios Gabriela Mistral  (1976) y Pedro Oña (1981).  Entre sus numerosas  publicaciones se cuentan La ciudad Indecible  (1958), Viaje en la arena (1970),  Mi patria tiene forma de esperanza (1981), Un modo de cantar (1962) y En la orilla del vuelo (1973), estos dos últimos con prólogos de Pablo Neruda y María Luisa Bombal. 
Del periodo escolar recuerda que le entusiasmaba el ramo de lenguaje aunque no encontró allí el eco adecuado: “en más de una ocasión cuando se hacían trabajos de creación de versos los profesores me acusaban de que lo que yo escribía era "copiado" de que no lo había hecho yo, por lo tanto no me evaluaban y me pedían que volviera a hacer el ejercicio”. A pesar de este panorama lamentablemente extendido en el sistema de educación su  inquietud por la escritura no desaparece manteniéndose en un ámbito íntimo y personal, en donde cultiva fuertemente la lectura siendo “uno de mis principales maestros”. Los autores que frecuentó fueron  Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, Franz Kafka y María Luisa Bombal (todos grandes narradores). Entre los textos dramáticos  que calaron  profundo en su sensibilidad destacan Flores de papel de Egon Woolf, Yerma de Federico García Lorca, Quien le teme a Virginia Golf de Edward Albee, La Gaviota de Chejov y Otelo de Shakespeare, todas obras, si observamos, en donde  el temperamento humano de los personajes está claramente diseñado sobre contradicciones gigantescas y la muerte es una invitada principal.

Su relación  escritura- personal/ entorno  se modifica al ingreso a la Escuela de Teatro, en donde pudo abrir colectivamente sus inquietudes  y participar en Talleres. Dicho sea de paso y aun a riesgo de generalizar, es bastante común que actualmente son las escuelas de teatro los espacios en donde los creadores encuentran en forma más rápida y profunda el fértil influjo del trabajo colectivo y en ello la integración de sus poéticas a las voz de los otros.  En este contexto las referencias creativas de  José Antonio se amplían hacia el cine en donde  destaca su interés  por  el trabajo de David Lynch. 
De su encuentro con nuevas teatralidades (tan  importante en la formación de un joven dramaturgo)  compartimos acá  las puestas en escena que más lo impresionó: El taller,  de Nona Fernández,  “que vi en segundo año de la escuela”.

Una vez egresado trabaja en Gestión cultural en la Región de Valparaíso participando en diferentes eventos y actividades en las cuales desarrolla la dirección y la dramaturgia, según él, “como un servicio”. Paralelamente hace ayudantías en la Escuela de Teatro de DUOC- UC  y participa del taller de Marco Antonio de la Parra en la Universidad Finis Terrae de Santiago  y  en  INTERDRAM (instancia que recomendamos conocer  por su impacto y eficiencia en el trabajo de lxs dramaturgxs, y que en su equipo participan  Bruce Gibbon y  Leonardo Gonzales, también seleccionados  en  este Encuentro).
 
De su proceso creativo José Antonio nos comparte que si bien participa en talleres lo hace en forma muy selectiva ya que lo confunden un poco. “Los encuentro súper alimentador y necesario en procesos… nunca está demás compartir con colegas y descubrir en la conversación nuevas ideas y conocimientos, en ese sentido son  un ejercicio generoso pero no me enloquece la idea de convertirme en un dramaturgo que tiene muchos talleres en su haber. Por lo general se externalizan mucho las cosas. Siento que mis procesos de escritura son más íntimos. Soy de encerrarme en un lugar de noche y no pensarlo tanto todo. Suelo pensar antes o después de haber escrito, los pensamientos en el proceso me distraen de lo esencial”. 
 
Tiene seis obras que preceden a La cuna de fuego: La sangre de la Bougainvillea que fue dirigida por Aldo Parodi (2015), Algo así como la vida, y ,Soy yo, María Luisa, ambas dirigidas por el mismo (2015). La adaptación de Pedro y el capitán de Mario Benedetti (2015). De alguna u otra manera soy tu hijo (2015). Ha muerto el Rey (2016). Y dos obras en proceso: El país de las larvas (con Interdram), y  El hombre del tapado verde (en taller con Marco Antonio de la Parra.)

Entre mis obras anteriores y La cuna de fuego no hay una relación directa en cuanto a la temática. Hay similitudes si en el lenguaje que se reconocen, pero no en su totalidad. El texto surgió desde una preocupación personal. Desde un cuestionamiento profundo y un hondo dolor respecto (en un inicio) a los asesinatos y bombardeos masivos en la franja de Gaza. Un lugar vulnerable, totalmente exiliado de nuestro mundo y las responsabilidades internacionales. Desde ahí parte todo, y si uno lee el texto con cuidado entenderá que todo es con relación a Gaza”.

El proceso de escritura de La cuna de fuego fue bastante extenso y conoció varias versiones durante casi un año de trabajo hasta la que surge la que será enviada al XVII  Muestra Nacional de Dramaturgia.  Inició la escritura relacionado con el conflicto en Medio Oriente.  “Estoy familiarizado con el conflicto árabe porque yo soy descendiente y es parte de la historia de nuestra familia (…)  por ello manejo información,  historias, libros y documentales, que permitieron que en un principio la creación del texto funciono bastante fluida y espontánea. No quise enredarme con un exhaustivo trabajo de investigación, quería ver cuál era mi aporte en todo esto y es por eso que me centré en la ficción elaborando siempre con la metáfora y la idea”

La cuna de fuego, que el lector puede encontrar completa en esta misma página www.muestranacional.cl, es una obra violenta porque retrata una realidad extremadamente violenta (que a Latinoamérica se nos oculta reiteradamente), pero  en el fondo nos habla de la Paz, clamando por ella. El contexto y los personajes hacen referencias directas a las contradicciones del mundo árabe, y a las del mundo judío. A la necesidad de amor entre ellos, a los dañinos apegos religiosos.
 
Durante el proceso de escritura estuvo leyendo a Bernard Marie Koltes, especialmente  De noche justo antes de los bosques. A nuestro juicio  ambas obras encuentran ecos en la estructura de monodialogos, en la piel de sus protagonistas, en la instalación de escenas escindidas, de realidades  paralelas unidas por textos a que no buscan replicas ya que solo un esfuerzo desmesurado permitiría escucharlos. Para José Antonio “la escritura de este autor es muy apasionada. Siento que hay mucho en común, lo digo con todo respeto y humildad  y que nuestras temáticas se relacionan. Mucha gente a quien le comentaba sobre lo que estaba escribiendo me hablaba de Koltes, y así fui indagando en su trabajo”.

La cuna de fuego se instala desde un lenguaje que fuerza a todo intento escenográfico a transitar en los reinos de un  teatro despojado de convenciones, a estar atento a los movimientos del alma,  al daño de las insoportables  razones de los patriarcados. Es desafiante  en la invocación de las formas y sus contenidos, en persistir en el valor del amor apasionado que desdibuja todas las reglas. “Para mí fue un gran ensayo, un aprendizaje que me comenzó a guiar a nuevas posibilidades. Ahora estoy trabajando en dos nuevos textos los cuales marcan un antes y un después en mi forma de enfrentar la dramaturgia. Hay más riesgos y más experiencia. Mi trabajo combina lo lúdico con lo que podemos llamar inteligente,  y lo poético, traspasando el umbral de una idea profunda y arraigada a un núcleo personal. Me siento como ser humano involucrado y con responsabilidad”.
 

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